Los historiadores romanos Floro y Orosio, seguramente basados ambos en Tito Livio (cuya obra dedicada a las Guerras Cántabro-Astures se perdió), dicen que los Cántabros en el 25 a.C. tras ser derrotados en una gran batalla campal bajo las murallas de Bergida, se refugiaron en las cumbres del Monte Vindio. Según el escritor romano Floro, los cántabros creían que antes llegarían las aguas del mar que las tropas romanas. El general Gayo Antistio Veto, práctico un férreo asedio, tal como había maniobrado en la guerra de montaña contra los Salasos en los Alpes suroccidentales. Así fue como ocurrió, según relata Orosio, que los cántabros “asediados por el hambre sucumbieron casi hasta el último”.

Investigaciones recientes han hallado en Liébana huellas del cerco romano correspondiente a tres campamentos romanos en los pasos de montaña existentes al pie de Peña Prieta (Vega de Liébana) y Piedrasluengas: Castro Negro o Cohora situado a 1.962 metros de altitud, el recinto fortificado de Robadorio, a 2.219 metros de altitud (uno de los campamentos más altos hallados en Europa) y el campamento romano de Collado de Vistrió, en Pesaguero. Todos ellos forman un amplio dispositivo de control de todos los pasos de montaña de entrada a Liébana.

Los componentes de este grupo de las Guerras Cántabras hacen honor a todas las tribus que presentaron batalla campal bajo los muros de la ciudad de Bergida (probablemente Monte Bernorio) que tras ser derrotados por las legiones huyeron a refugiarse al Vindio, donde perecieron la mayoría.