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Tribu Aunigainos

Historia.

Cuentan las viejas historias, que el clan cántabro de los Avnigainos tenía su solar en los territorios de la margen izquierda de la actual ría de Requejada. Ongayo, Puente Avíos, Hinojedo, Cortiguera… bien pudieron ser por tanto, las aldeas que a resguardo de los vendavales de la Madre de Todas las Aguas habitaron nuestros antepasados. Desde ellas se divisa toda la sierra prelitoral, especialmente el monte Dobrian coronado por La Capía y sus castros de Pico Toro, Peña Mantilla, Las Lleras y Jarramaya.

Nuestra gente vivía de pastorear los rebaños, practicaba una rudimentaria agricultura, recolectaba frutos, cazaba, pescaba y mariscaba en pequeñas embarcaciones de cuero, trabajaba el metal de los ricos veneros cercanos, realizaba trueques e intercambios con otros pueblos… los más jóvenes ocupaban buena parte de su tiempo en prepararse para la guerra, siempre dispuestos a enrolarse en ejércitos y batallas ajenas a cambio de una buena recompensa.

Somos un clan alegre, nos gustan las fiestas y la diversión, sonadas son las que celebramos en los solsticios, especialmente la noche del veinticuatro de Junio, comemos y bebemos en abundancia, saltamos y danzamos en torno a las hogueras al son de chiflos y panderos, adornamos las cabañas de nuestras amadas con ramos verdes y a la luz de la luna nos bañamos desnudos en las aguas de la ría.

Arquio “El Grande” es el Jefe de los guerreros, así lo decidió el Concejo, haciéndole entrega el más respetado de nuestros ancianos, el venerable Ambato, de la espada suprema del clan, el más grande honor que ninguno de nosotros pueda recibir. Neco, el hijo de Ambato, se haya al frente de las defensas del castro de La Masera.

Guerreros Aunigainos

Guerreros Aunigainos

Las poderosas legiones de Roma, sabedoras de la dificultad de derrotar a los hijos de la Diosa Madre Cantabria desde el sur, desembarcaron un gran ejército en la costa. Los Avnigainos ofrecimos una heroica y tenaz resistencia causando grandes bajas al enemigo. Finalmente la implacable máquina de guerra mandada por Mesala tomó y arrasó La Masera, los escasos supervivientes se retiraron hacia los castros del Dobrian uniendo su suerte a la sus hermanos de tierra. Ha pasado mucho tiempo, corre el año 166 y a orillas del Salia la anciana Aía le cuenta a sus nietos las historias de su gente al fragor de una hoguera. Magilo les dice, nieto de Arquio “El Grande” así se las contó al suyo, Elano, éste a su vez hizo lo propio con el de él, vuestro abuelo Cornelio Vicano. Amanece cuando una pequeña comitiva camina hacia La Capía, Cornelio Vicano acompañado de su familia transporta en una carreta el ara de piedra dedicada a Erudino, un dios de sus antepasados, que sus manos han tallado con primor a lo largo del invierno.

Disfrutando de la hoguera

Disfrutando de la hoguera

Una vez en la cima, instalada el ara, el anciano señala a sus descendientes el territorio de los Avnigainos, su voz emocionada proclama ¡ ya puedo descansar tranquilo, hoy he hecho honor a mis antepasados y a la Diosa Madre Cantabria !, a continuación agachándose, sus labios besaron con delicadeza la roca desnuda de la cumbre.

Corría el año 1.905 cuando el ilustre torrelaveguense D. Hermilio Alcalde del Río localiza en la antecima de La Capía el ara esculpida por Cornelio Vicano que descansa desde entonces expuesta en las salas del Museo Regional de Prehistoria en Santander. Una reproducción de la misma fundida en bronce por encargo del Exmo. Sr. D. Francisco Javier López Marcano, alcalde de la ciudad, realizada por el fundador de nuestra agrupación Miguel Cuevas, puede admirarse en la C/ Serafín Escalante, frente a la entrada de la Plaza de Abastos de Torrelavega.