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Diosa Cantabria

En la fiesta de Las Guerras Cántabras, se creo el personaje de la Diosa Cantabria, con la intención de reunir en torno a ella todas las cualidades y virtudes que se han asociado a los dioses cántabros y celtas durante milenios.

El sistema religioso cántabro estaba dominado por el culto al Sol, la Luna y las Estrellas y a las distintas fuerzas de la Naturaleza -Mar, Ríos, Fuentes, Bosques, Montañas,…- Por influencia celta tenían una concepción astral de la vida en la que consideraban el Cielo, además del dominio de los dioses, la morada de los muertos.

Diosa Cantabria

Diosa Cantabria

El Sol indicaba a quienes morían el camino de oriente hacia occidente hasta la Luna donde reposaban. Aunque la religión cántabra no es equivalente a la céltica ya que el carácter matriarcal de la estructura social cántabra se traslada al predominio del elemento femenino entre los dioses autóctonos, la penetración de pueblos celtas con una estructura patriarcal introdujo nuevos ritos que aunque no hicieron desaparecer las creencias propias, incorporaron entidades procedentes del mundo céltico como la deidad femenina Epona, protectora de los caballos y las diosas Mater cuyo culto está ligado a la fertilidad.

Además nuestros antepasados honraron a divinidades que nos han llegado asociadas junto a su equivalente romano, así, por ejemplo, existió un culto a Júpiter Cantabricus que era el dios del cielo y de los fenómenos atmosféricos o un dios equivalente a Marte, dios de la guerra, en cuyo honor se celebraban danzas, competiciones guerreras y sacrificios de machos cabríos, caballos y prisioneros. Por otro lado, se conoce el nombre de dos dioses indígenas; Cabuniegino y Erudino, cuyos atributos se desconocen, si bien se sabe que Erudino recibía culto en la cima de las montañas.

Es probable que cada clan tuviese además de las divinidades comunes al pueblo cántabro, deidades específicas de su zona o de su gentilidad. Aunque no existía ninguna organización similar a los Druidas de la Galia, los cultos colectivos se celebraban con la ayuda de un intermediario conocedor de las formulas y ritos sagrados que podía ser el jefe de la gentilidad o del clan que reuniría junto a su liderazgo guerrero, poderes religiosos.

Los templos y lugares de culto estaban al descubierto al creer que era vano encerrar a los dioses o su entidad en un espacio determinado. Aprovechaban lugares simbólicos o reales donde creían que el mundo de los hombres podía encontrarse más fácilmente con el mundo de las divinidades. El lugar de intercambio sagrado solía ser un claro del bosque, el alto de una montaña, la ribera de un río o bajo un árbol; algunos lugares como las Fuentes Tamaricas a las que se acudía para obtener augurios reunían características mágicas. Lugares que no se elegían al azar sino que iban utilizándose generación tras generación por lo que en muchas ocasiones aparecen asociados a dólmenes o santuarios prehistóricos.