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Caudillo Corocotta

Irritóse tanto [Augusto] al principio contra un tal Corocotta, bandolero español muy poderoso, que hizo pregonar una recompensa de doscientos mil sestercios a quien lo apresase; pero más tarde, como se le presentase espontáneamente, no sólo no le hizo ningún daño, sino que encima le regaló aquella suma… Dión Casio 56, 43, 3 (en A. Schulten, Fontes Hispaniae Antiquae vol. V, Barcelona, 1940, p. 335).

Roma tenía la necesidad de cerrar bajo su dominio toda Hispania, sólo quedaban libres de su yugo los pueblos del Norte: Cántabros, Astures y Galaicos Al principio, todos sus ataques eran repelidos por los rudos cántabros, los cuales, mediante “las guerras de guerrillas” combatían con gran destreza y maestría, conocedores además su abrupto territorio, el cual fue, junto con su gran amor a la libertad, sus máximos aliados en una lucha desigual.

Corocotta, lider de los cántabros

Corocotta, lider de los cántabros

Tales fueron los fracasos de las tropas romanas, que el mismísimo Augusto tuvo que venir en persona a Hispania para doblegar a estos pueblos indígenas. Montó dos campamentos, en Segisama y Astúrica y con siete legiones, atacó por tres frentes. Uno de los frentes cayó sobre los pueblos galaicos, otro sobre los astures, y finalmente, un tercer ataque sitió a los cántabros finalmente, en su última ciudad libre, Aracilum. La fiereza de los cántabros, era temida por los soldados romanos.

El gran error del pueblo cantabro, fue su desunión y el no haber sido llevados a la guerra por un mismo cetro, aunque conocemos por los historiadores un líder de los cántabros, Corocotta.

Augusto llegó a poner precio por su cabeza, y Corocotta, en un acto que resumía las cualidades de valor de este pueblo, se presentó él mismo a los romanos pidiendo los 200.000 sextercios de recompensa que por él daban.